Por Claudia Vargas-Ribas

En artículos anteriores nos hemos referido a todas las barreras que tienen las personas migrantes y cómo estas se complejizan según su estatus migratorio, tipos de tránsito y género. En esta oportunidad, quisiéramos enfatizar lo que sucede con las mujeres venezolanas en contexto de movilidad y las distintas formas de violencias a las que están expuestas producto de varios estereotipos, algunos muy específicos, relacionados a su nacionalidad y que son reforzados en los medios de comunicación (MDC), discursos desde el poder y por tanto en las comunidades receptoras.

Nos gustaría empezar diciendo que según el último informe Quien figura en las noticias (2020), correspondiente al proyecto de monitoreo global de medios que se publica cada 5 años, las mujeres están subrepresentadas en los MDC (incluso en los casos donde se ven afectadas) estereotipada generalmente en roles que la muestran como vulnerable, víctima, cuidadoras y en temas exclusivamente sociales, de mujeres hablando sobre mujeres, moda o belleza, dejando de lado a la mujer en la ciencia, la política, espacios de toma de decisiones y temas fundamentales para el mundo actual como resolución de conflictos, deportes, militares/de seguridad, política exterior, salud, economía, entre otros. Esta falta de representación, no solo tiene efectos en los discursos públicos, sino también en la toma decisiones que, al estar sesgada, las políticas e iniciativas generadas no tienen o carecen de perspectiva de género.

En este contexto de representación de las mujeres, en el imaginario mundial y regional la mujer venezolana es conocida generalmente por destacar en concursos de belleza, tal particularidad no es aleatoria pues distintos estudios sobre la representación de las mujeres venezolanas hechos en el país en distintos momentos, señalan básicamente que la imagen está cargada de estereotipos, donde la hipersexualización, la sensualidad y la importancia extrema a la apariencia física es clave en “cómo debe ser” la mujer en Venezuela, también destacan los roles de ama de casa y otros habitualmente asignados como “celosa”, posesiva, encuadrándola en una dicotomía de la “buena” madre, hogar y afines y “mala” prostituta, celosa, dramática. (Kislinger, 2015, Rosa y Amaya, 2014, Álvarez, 2008).

El patrón sobre “cómo es” o “debería ser” la mujer venezolana ha sido exportado, siendo más evidente con la creciente emigración, donde en las comunidades receptoras (en distintos espacios públicos y privados) se han identificado discursos xenofóbicos que trascienden hacia formas de misoginia y violencia contra la mujer venezolana. Algunas de las principales formas de discriminación y violencia que hemos identificado son:

  • Narrativas hipersexualizadas en la cual la mujer venezolana es relacionada a un objeto sexual, “mujer fácil”, prostituta y en cualquier contexto o conversación el tema de la apariencia física es esencial, desde donde se generan discursos discriminatorios basados en esas narrativas y se reproducen en MDC y en el entorno digital como se aprecia en las distintas imágenes y ejemplos que encontraran en el artículo.
    Imagen 1: Publicaciones en MDC, entorno digital y espacio público contra venezolanas: Colombia.

Fuente: Web de los portales de noticia y YouTube

  • Acoso u hostigamiento sexual “por nacionalidad” en este punto nos referimos a “conductas de naturaleza sexual que se consideran ofensivas o humillantes, que pueden interferir con las tareas de una persona, que se usan como condicionante para contratar a alguien o que crean un entorno intimidante, hostil u ofensivo” (ACNUR, 2023) y como indica la misma fuente, van desde miradas hasta contacto de tipo sexual, compartir contenido explicito o sugestivo, gestos, comentarios, apodos, insultos con una connotación sexual.
  • Humillación, omisión, aislamiento, descuido por ser “venezolana”: como ejemplos que ilustran estas formas de violencia reseñaremos dos casos ocurridos en Perú en el año 2019 y 2023 respectivamente (Ver imagen 2 y 3). En el primero un grupo de música popular femenino describe a la mujer venezolana como “aprovechada”, encuadrándola en narrativas peyorativas cuyas expresiones comunes suelen tildarla de “rompe hogares”, “quita maridos” y se observan frecuentemente en el entorno digital al producirse conversaciones sobre las mujeres provenientes de Venezuela.
    Otro “adjetivo” que llama la atención es la palabra “veneca”, usada de forma despectiva para referirse a las mujeres de esta nacionalidad y que vemos de forma reiterada (ver en todas las imágenes)

Imagen 2

Un estudio llevado a cabo en Perú en el año 2021 por la Universidad Nacional Mayor San Marcos, analizaba que las representaciones derivadas de la palabra “Veneca” en redes sociales peruanas eran en su mayoría negativas, de las 6 mencionadas en el estudio una de ellas, aun teniendo una connotación “positiva”, terminaba por discriminarla y estaba asociada a su imagen física, a continuación las 6 categorías encontradas en el estudio:
1. Objeto sexual
2. Trabajadora sexual: “prostituta”, “mujer fácil”
3. Delincuente: roba personas y también “roba maridos”
4. Una mujer interesada: “engaña” a hombres para obtener dinero
5. Roba maridos: “destruye hogares y familia”
6. Estándar de belleza: Mujer arreglada= a extranjera.

Por su parte, en la imagen 3 vemos como una mujer venezolana en la red social TikTok cuenta parte de su experiencia siendo mujer migrante en Perú, destacando varios de los elementos que ya hemos mencionado: uso de la palabra “veneca” para referirse a ella y el tema de la apariencia física como forma de identificar su nacionalidad. El video se viralizo y entre los comentarios recibidos encontramos algunos de tipo xenofóbico con expresiones como “lárgate”, “veneca”, “no me vayas a robar” y otros relacionados a su físico, así como promesas de acoso callejero tipo “si te veo te voy a decir mi amor”. Aunque algunas de estas expresiones pueden parecer banales o están naturalizadas dentro de una cultura machista, lo cierto es que además de ser discriminatorias la vulneran en el entorno digital, e incluso, con riesgo de quedar expuesta en el espacio público.

Imagen 3

Más recientemente, en el pasado mes de noviembre de 2023, mes donde por cierto conmemoramos el día de la eliminación de las violencias contra las mujeres, paradójicamente se producen dos casos de violencia en menos de 5 días y en los dos países con mayor cantidad de población y mujeres migrantes venezolanas, Colombia y Perú respectivamente.

El primer caso es el de Barbara, quien fue asesinada por un vecino de la comunidad en Medellín Colombia tras una discusión sobre “quien era mejor”, si los venezolanos o los colombianos, según el relato de algunos testigos reseñados en un medio local. Lamentablemente en este hecho vemos diversas formas de violencia física, verbal y xenofobia contra la mujer que termina en la más terrible de las agresiones, el asesinato de Bárbara.

El segundo caso en Perú es una expresión de machismo cultural peligrosamente naturalizado, donde no solo se refieren a la mujer como un objeto sexual al que se le puede poner precio “según el mercado”, sino que además aluden directamente a una nacionalidad, la venezolana. Este hecho ocurre el 20 de noviembre de 2023, durante el conocido programa deportivo llamado “A presión” que se transmite por la plataforma YouTube diariamente; el comentario se produce a partir de una “pregunta” realizada por un usuario del canal a través de las redes sociales (y que ya venía con altas cargas de misoginia) la cual decía así:
Si la vinotinto (selección de futbol de Venezuela) gana el partido ¿El precio de las “chamas”? (expresión para referirse a mujeres en Venezuela, generalmente jóvenes) sube o baja?

En este caso el deber de los comunicadores -si iban a exponer la pregunta- era explicar por qué tal comentario era una forma de violencia y xenofobia, pero, al contrario, de esto los periodistas presentes (todos hombres) se burlaron, lo cual se interpreta como una forma de aprobación. Seguidamente, respondían la supuesta pregunta con frases altamente ofensivas, discriminatorias y misóginas acerca de las mujeres venezolanas quienes, ante esta declaración pública, se encuentran en mayor riesgo de ser irrespetadas en el espacio público y digital, creando un entorno hostil para ellas en su cotidianidad. Los comentarios no solo dan pie a más violencia, sino que al venir de figuras “referentes” en el ámbito del deporte pueden ser peligrosamente replicados (como sucedió) por otros MDC,  gremios y personas de la comunidad, en el cual se da carta abierta para agredir a mujeres por el hecho de serlo y por su nacionalidad.

A partir de lo anterior, se puede concluir que la mujer migrante venezolana está expuesta a distintos niveles de xenofobia y formas de violencias, nos llama particularmente la atención que a las agresiones, asesinatos, riesgos y vulnerabilidad por ser migrantes se les suman violencias invisibles de tipo simbólica, ya que se evidencian estereotipos, mensajes y valores que reproducen y transmiten dominación, desigualdad y discriminación que naturalizan la subordinación de la mujer, también observamos violencia mediática, pues existen MDC cuyo alcance reproduce masivamente mensajes que atentan contra su dignidad (Fundación mujeres x mujeres, 2021: Iniciativa Spotlight), ambos tipos de violencias se han naturalizado como parte de una cultura machista y se disfrazan comúnmente de humor, bromas, publicidad sexista y humillación.

La violencia mediática y simbólica además de generar daños invisibles, pero duraderos, implica para las migrantes mayor dificultad de integración, pues la sanción “moral” alimentada del estereotipo le impide recibir ayuda y desenvolverse en la sociedad de acogida, situación que se agrava cuando es irregular, tiene discapacidad, condición de salud, pertenece a comunidad LGBTIQ+, se encuentra en estado de gestación y si tiene hijo/as.

Es muy importante que los gobiernos, sin ánimo de censurar ni limitar la libertad de expresión, hagan un monitoreo constante de MDC y especialmente aquellos digitales que puedan, en nombre de su “libertad”, reproducir discursos discriminatorios. En este sentido, es necesario capacitar a líderes de opinión en comunicación con enfoque de derechos y perspectiva de género, pues en este caso se trata de agresiones a población que per se es vulnerable: como migrantes, mujeres, niñas y adolescentes.

Por su parte los líderes de opinión y/o los denominados “influencers” (en cualquier área), pero muy especialmente quienes se encuentran en espacios tradicionalmente ocupados por hombres como el deporte, deben procurar una mejor comprensión de las formas de violencias, de esta manera, estarían en mayor capacidad de evitarlas, reproducirlas e incluso prevenirlas, considerando su posición como referente en las comunidades donde ejercen su trabajo de comunicación.

Identificar estas formas de violencias invisibles es clave, para poder denunciar y corregirlas especialmente en discursos públicos,  comprendiendo el peso que tienen para las mujeres y migrantes pues repercute en su vida cotidiana, su salud mental, física y las expone a mayores riesgos.